jueves, 12 de abril de 2018

GIORGIO DE CHIRICO. LAS PLAZAS METAFÍSICAS


Plazas desiertas, tan sólo habitadas por sombras, edificios, estatuas y, acaso, un lejano tren que pasa a lo lejos.
Estas imágenes, que  ya forman parte del imaginario visual de nuestra época, fueron creadas por Giorgio de Chirico a partir de 1909 (aunque las cronologías en este autor son verdaderamente una entelequia dado el carácter cíclico de su producción, que vuelve una y otra vez a los mismos temas, tergiversando incluso sus fechas al "confundir" las de su creación como tema y las de su realiación material).
Las primeras obras aparecen en Florencia, aunque el propio autor habla de una iluminación posterior, ya en Turín, de una plaza desierta, cayendo la tarde, y se van enriquecindo progresivamente con sus estancias en París (en contacto con el movimiento cubista) y Ferrara (entonces más cercano al futurismo de la mano de Carrá).
En todas ellas se usa (tan "manévolamente") la perspectiva quattrocentista aprendida de Piero della Francesca, aunque sumamente forzada por los edificios en fuerte escorzo que crean intensas líneas de fuga que son interceptadas (y visualmente negadas) por las líneas oblicuas de las alargadas sombras proyectadas por el atardecer.

Sobre este escenario (un concepto fundamental en el autor que trabajó habitualmente como tramoyista) aparecen algunos "personajes" que se vuelven redundantes en sus obras: esculturas clásicas, edificios, trenes y chimeneas...
Su interpretación es compleja (acaso el ferrocarril sea un constante homenaje a su padre, ingeniero ferroviario, tanto los edificios como las esculturas son reelaboraciones del mundo clásico, una estilización de las ciudades del norte de Italia con sus pórticos corridos, vistos a través del filtro de los pintores del Quattrocento con sus características balconadas en escorzo y la estética del cubismo que reconvierte la realidad en formas geométricas) 

Ferrara
Masaccio. Capilla Brancacci

Sin embargo, y más que la iconografía puntual, su principal logro es la combinación.
Anticipándose más de 15 años a la máxima surrealista (el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de quirófano), De Chirico consiguió provocar la extrañeza a través de combinaciones insólitas que (él, amante de las teorías de Freud) provocaba en el espectador,
Mencionemos simplemente algunas:
El vaciamiento de los lugares, dejando que las simples sugestiones (las sombras, el viento, los maniquíes...) hablen de la vida
La convivencia entre el mundo clásico (ruinas, estatuas, edificios...) y la modernidad (trenes, chimeneas...)
Las pequeñas contradicciones (como los distintos vientos que animan el humo o las bandeloras en sentidos contrarios, las formas que no están pero que aparecen a través de sus sombras)

A todo ello se une la predilección por el ocaso y sus sombras alargadas que hacen aún más patentes la sensación de vacío y tiempo congelado, acaso un instante antes de que cualquier tragedia pueda suceder, pues sus cuadros son todo menos complacientes y generan al espectador una sensación de angustia que (aún más terrible) no conoce (pero siente) la amenaza que se encuentra latente
Yves Tanguy
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El surrealismo y su poética del paisaje subjetivo y sublime, estará constantemente en deuda con él


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