martes, 26 de septiembre de 2017

LOS RELIEVES CONMEMORATIVOS DE LA BATALLA DE ACCIO. ÉPOCA AUGUSTEA


Como ya hablamos aquí, la batalla de Accio (Actium) supuso el fin del segundo triunvirato y la llegada al poder absoluto de Augusto.

No es por tanto de extrañar que se hicieran numerosos relieves conmemorativo de tal victoria naval, como los que posee (en parte) la Colección de los Duques de Cardona. Córdoba.

En ellos se nos muestra, de una manera verdaderamente sublime, el llamado neoaticismo que caracterizó a la primera familia imperial que abandona el realismo republicano para, en una refundación simbólica, surja una Nueva Roma, directamente emparentada con la Atenas del siglo V a C.

Se retoma así todo el lenguaje que inaugurara Fidias que se mantendrá (aunque con una mezcla del realismo romano) en el Ara Pacis.

Todo en estas obras es verdaderamente exquisito y perfecto (un verdadero neoclasicismo en la propia Roma), desde la composición (equilibrada pero huyendo de las simples simetrías, con un solemne sentido de avance, el del propio Triunfo), las anatomías que unen perfección con una suave y delicada elasticidad de los movimientos armónicos, lleno de contrapostos que se enlazan unos con otros, el sugestivo juego de claroscuro de los ropajes, la suavidad de la terminación con su espléndido schiacciatto... que hablan de un poder nuevo, lleno de fuerza sin resultar excesivamente agresivo. 

 Un poder solemne de aquel que sabe que controla todos los resortes del Estado y lo muestra magnífico pero sin estridencias, pues realmente no las necesita



lunes, 25 de septiembre de 2017

LA ICONOGRAFÍA PALEOCRISTIANA. 1. LOS SÍMBOLOS




Tras un primer periodo iconoclasta derivado, en parte, de la actitud anti-imagen de la religión judía, el primer cristianismo va a empezar a utilizarla como medio pedagógico y propagandístico. Los primeros recelos serán superados (primero) por la utilización de símbolos y (más tarde) dando paso formas narrativas bíblicas o neotestamentarias con un claro cambio de estética.
Pues la imagen valdrá siempre y cuando no genere idolatría, es decir, cuando no se adore por ella misma. Para ello, lo necesario es cambiar la actitud del espectador que ya no vea el arte como una fuente de deleite, sino como algo puramente educativo (según Argullol se trata de una de las consecuencias del neoplatonismo imperante en la Alta Edad Media y que tendrá su cénit en San Agustín)
De esta manera la imagen se convierte en puro soporte de un concepto, perdiendo en esta transformación sus cualidades visuales naturalistas (perspectiva, armonía, volumetría, realismo...) que ya no son necesarias. Sólo quedará aquello que transmite información (jerarquía, simbología...) o sentimientos religiosos (hieratismo como forma de lejanía de la divinidad).
Por otra parte, y dada la ausencia de tradición, el primer cristianismo recurrirá a los préstamos de otras culturas. De Grecia y Roma recogerá imágenes cambiándolas el sentido, y de Egipto recuperará ciertas características estéticas típicas del teocentrismo.

Veamos algunos de sus principales símbolos

El Crismón. Realizado con la unión de las dos primeras letras de Cristo en griego rodeadas por un clípeo (círculo)
Gala Placidia

El alfa y el omega. Desde un pasaje del Apocalipsis: “Yo soy el principio y el fin de todas las cosas”, representa la divinidad como forma infinita.
                          
Un Crismón con Alfa y Omega. San Juan en Fuente. Nápoles

El pez. Identificado con Cristo, pues en griego son las mismas letras. (Acaso un símbolo perfecto para marcar lo cristiano en su época de persecuciones)
La paloma. Identificada con el alma que a menudo bebe de una crátera (eucaristía).
La crátera como Cristo (crismón)

El pavo real. Dado que se creía que su carne era (se creía) incorruptible, se asocia con la resurrección. (Se trata de un préstamo del Egipto tardío, como una reconversión de la leyenda del Ave Fénix)
Roma

El ciervo Asociado a la imagen del creyente que bebe agua (la salvación que ofrece la Iglesia)
Mausoleo de Gala Placidia

Los strigiles. En numerosos sarcófagos encontramos estas formas en ese. Originalmente derivan del strigiles griego (pieza de madera con ranuras en esa forma que utilizaban los atletas griegos para limpiarse el barro tras las competiciones). Podría significar por ello pureza, limpieza, aunque otros autores los relacionan con la idea de infinito. (Se recoge de los sarcófagos paganos)
El cordero. Imagen de Cristo como ser sacrificado. Se relaciona con la eucaristía pero también con los creyentes que forman un rebaño en torno al pastor (Cristo)
En la imagen los dos significados. El Cordero Central como Cristo del que parten los cuatro ríos del paraíso. A ambos lados corderos como iglesia

El orante. No demasiado clara. Tal vez imagen del creyente que ya se encuentra en el Cielo, pues aparece en contextos funerarios, o la del creyente que asiente ante la voluntad divina. Se trata de un préstamo, la pietas, oración romana.
Roma


domingo, 24 de septiembre de 2017

SAN IGNACIO. ROMA


Pese a tener ya el Gesú, la Compañía de Jesús quiso demostrar su potencia dentro del nuevo ambiente contrarreformista con una nueva y gigantesca construcción, la iglesia de San Ignacio que terminaría por cerrar el gran solar anejo al Collegio Romano.

Arquitectónicamente retomó los temas jesuíticos convenientemente evolucionados tras las intervenciones de Maderna, tanto en su fachada como en su interior.

El espacio interior resultó tan amplio que necesitó de refuerzos extraordinarios e incluso impidió realizar una verdadera cúpula que la maestría perspectívica del padre Pozzo resolverá.


El interior de la iglesia no es tan rico en obras de arte como otros templos, pero es imprescindible entrar en ella para maravillarse ante la ¡MEJOR PINTURA ILUSIONISTA DE TODA ROMA! que ya analizamos aquí.





En el transepto, existe un notable altar dedicado a San Luis Gonzaga realizado por Legrós, igual que la tumba de Gregorio XV, mecenas principal de esta obra



En la plaza que la antecede se realizó un hermosísimo urbanismo rococó realizado por Filippo Raguzzini













sábado, 23 de septiembre de 2017

CHASTEL. EL SACCO DI ROMA


Una obra fascinante que bucea en la Italia del Alto Renacimiento tomando como eje el Sacco di Roma.
Con este encuadre analiza tanto el hecho histórico como las distintas propuestas artísticas e ideológicas del primer tercio del siglo XVI.
De esta manera nos muestra tanto la Roma clementina (Clemente VII) que llevó a su culminación el conciliato del Cinquecento por medio de los sucesores artísticos de Miguel Ángel y Rafael: Perino de Vaga, Rosso, Polidoro de Caravaggio, Sebastiano del Piombo, Peruzzi o un jovencísimo Parmigianino.
También nos muestra el reverso de la medalla de esta Roma paganizante que, para los entornos de la Reforma (Erasmo, Lutero), se convirtió en la Nueva Babilonia apocalíptica en donde se concentran todos los males, eficientemente propagados a través de los grabados de Holbein o Cranach.

                                                         
Tras el Sacco, Chastel no muestra toda la literatura del desastre que surgió y la diáspora artística que se produjo que destronó momentáneamente a Roma, extendiendo el manierismo hacia Francia, Nápoles o Venecia


TODAS NUESTRAS SUGERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS SOBRE EL RENACIMIENTO

viernes, 22 de septiembre de 2017

EL ARA PACIS

 

"Cuando regresé a Roma desde Hispania y Galia, durante el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilio, después de haber solucionado con éxito los asuntos de esas provincias, el Senado, para conmemorar mi retorno, ordenó levantar un altar a la paz augústea, para ser consagrado en el Campo de Marte, en el cual se decretó que los magistrados, los sacerdotes y las vírgenes vestales hiciesen un sacrificio anual."
En el famoso Ara Pacis (altar de la paz), Augusto quiso reafirmar la idea de la pax Augustea como su gran legado, una herencia que aseguraba la economía del imperio. Para ello utilizó distintas tradiciones.




Por una parte recogió el tradicional realismo (habitual hasta su mandato) del retrato etrusco-romano para reflejar su persona y la de la corte que le rodea. Coronado de laureles y perfil, como una moneda, su figura pasea majestuosamente en la procesión que conduce desde la Tierra (iustissima Tellus, la tierra generosa que da sus frutos abundantes) y hacia Eneas (el enlace mítico entre Roma y Grecia del que se hacía descendiente a la familia Julia de Augusto)


La cara fracturada representa a Augusto






La Tierra y su abundancia

La segunda tradición que se une a la anterior es la griega. Las conquistas de la república habían puesto en relación a Roma con Grecia, haciendo patente su enorme diferencia cultural. Desde entonces lo griego será sinónimo de refinamiento, y será precisamente en tiempos de Augusto cuando rebrote con fuerza (se denomina al periodo neoaticismo).

 De este arte griego el Ara Pacis tomará la solemnidad, el trabajo profundo de los paños o los exquisitos roleos (flores enrolladas) que dotarán a la escena de la solemnidad necesaria para su propósito.

 Toda la obra es una creación magistral llena de encanto, muy posiblemente realizada por esculturas de origen helenísticos (aunque según Branco Frejeiro, nacidos ya en territorio romano, como Crátero, Pitodoro, Hermolao, Artemón…)

La decoración se genera por medio de los citados roleos muy trepanados (con profundos claroscuros)
 Flor trabajada a trépano

 Palmetas

 Bucráneos con guirnaldas (imagen de la vida y la muerte)

 
 Grecas
  Racimos de uvas


Y aún una exquisitez más. Si os fijáis en las figuras procesionales, éstas ocupan un espacio bastante reducido en profundidad. Para evitar la isocefalia y dar una mayor amenidad y solemnidad, el escultor recurre a una gradación en perspectiva verdaderamente genial. Las figuras más cercanas casi salen la mitad (medio relieve) del fondo, mientras que las más alejadas apenas si son insinuadas con suaves dibujos sobre el mármol.


Esta idea del relieve sttiacciatto (aplastado) de orígenes griegos (periodo clasico), la retomarán Donatello o Ghiberti en el Quattrocento, siendo una de las técnicas favoritas del renacimiento italiano.

Para saber más
http://es.wikipedia.org/wiki/Ara_Pacis
http://aprendersociales.blogspot.com/2006/11/el-ara-pacis.html



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jueves, 21 de septiembre de 2017

CÁPARRA O EL EVERGETISMO ROMANO

Ya hace tiempo le dedicamos un post a las relaciones entre poder y arte a través de la propaganda en el mundo romano, el famoso panem et circenses. Hoy vamos a perfilar un poco más el tema a través del llamado evergetismo.

Imagen tomada (como otras de esta artículo) en el pequeño pero magnífico Centro de Interpretación de Cáparra

El origen de la palabra hay que buscarlo en el término griego acuñado durante el helenismo: evergetes o aquellos que con su dinero habían proporcionado algún beneficio o liberalidad (evergésia) a la comunidad, como los reyes helenísticos del siglo IV a C. (según Veyne: en una sociedad desigual la clase superior tienen un prestigio y sólo lo conserva si gasta o da. De este modo el rico hace alarde de su riqueza, lo que le confiere un status dentro de su comunidad)
Pero antes de profundizar en el tema, sepamos algo más de Cáparra, una pequeña ciudad enclavada en plena vía de la plata.
Perfectamente amurallada, presenta la típica forma hipodámica de las ciudades romanas de nueva planta





En ella encontramos termas


Calles con soportales



























foro con basílica y la típica triada capitolina



Pero sobre todo un extraño ejemplar de arco de triunfo de cuatro entradas o frentes (arco cuadrifronte) del siglo I d C con pocos ejemplos comparables a no ser el tardío (tiempos de Constantino) de Jano en el Venablo, Roma





Precisamente este arco nos lleva al tema del evergetismo. Gracias a las inscripciones conservadas en él sabemos que fue erigido por la hija de Marcus Fidius Marcer, ciudadano de Cáparra, tres veces magistrado, dos veces diunviro.
¿Por qué ese enorme gasto para una pequeña ciudad?





Si entendemos el origen de él comprenderos uno de los principales mecanismo de mecenazgo artístico (y social) del mundo antiguo que la caridad medieval olvidará y no volverá a resurgir hasta la Florencia del Quattrocento.
Entre las causas más normales del evergetismo se encuentra la obtención de gloria y honores dentro de su comunidad (existimatio o reputación), deseos de perpetuar la memoria (el caso concreto) en un concepto de la vida que apenas si piensa en el Otro Mundo y sobrevalora la memoria del fallecido (la fama, como recuperarán los humanistas; el famoso culto a los antepasados de orígenes etruscos), el deseo de controlar el poder político ya en el corto plazo (elecciones municipales) como en el largo (la familia, la estirpe que mantiene su status a través de la munificencia), deseos de promoción social (sobre todo en los libertos y los nuevos ricos que quieren hacer olvidar su pasado), el orgullo cívico (dada la importancia que daba el mundo romano a la patria chica, origo) o simple deber moral (basado en las ideas estoicas, el hombre afortunado tiene el deber moral de ayudar a sus conciudadanos).

 

Todo este complejo ramillete de causas se entremezcla en la munificencia cívica que comienza en tiempos republicanos (íntimamente ligada a las luchas de poder) y se ratifica con Augusto (recordemos al ejemplo del Panteón de Agripa) y el imperio siguiente, en donde los emperadores sirven como espejo para los políticos locales e, incluso, los simples particulares.





Sus consecuencias será un engrandecimiento del legado arquitectónico, especialmente ciudadano. Pero también será una forma de conjurar las tensiones locales (por medio de mayor confort, actividades o repartos gratuitos de comida) y de generar un cauce de redistribución de la riqueza que, en el caso romano, tiende a concentrarse en pocas manos, dando así aliento a toda una amplia actividad económica.





Los tipos de evergetismo no sólo fueron arquitectónicos y en ellos se incluye una amplia nómina de actividades: repartos gratuitos de grano (alimenta), celebración de juegos y espectáculos, (ludi) donaciones para albergues de huérfanos, invitaciones a termas (a menudo en el dies natalis o cumpleaños del evergeta), realización de banquetes públicos (epila), la donación de estatuas

Para quien quiera saber más sobre este evergetismo, existe un magnífico libro:


Melchor Gil, E. La munificencia cívica en el mundo romano. Arco Libros, 1999